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martes, 17 de mayo de 2011

Entender a Cristo.




Soy católica por convicción y fe, no por herencia familiar.
Para entender a Cristo primero quise conocerlo, hice seminarios, estudie la Biblia y luego de muchos años comprendí que la verdadera fe, se encuentra no tanto en los libros, si, en la vida. Comprendí que dando se recibe, y no hablo de lo material, hablo de las cosas simples, dar tiempo, una sonrisa, escuchar al que está solo, aprender a perdonar.
Conocer a Cristo me ayudó a entender la traición de los amigos o los que creí amigos.

Cuando Jesús entraba en Jerusalén (Día de Ramos) fue victoreado y aplaudido, una semana después, esos mismos seres elegían a Barrabás para ser liberado y dejaban a Jesús solo, ante el poder romano, para ser ajusticiado. Al comprender esto, me dije ¿Quién soy yo, para que me traten mejor?
La calumnia encarcelo al Señor. ¿Por qué asustarme cuando eso me sucede?
En mi vida y la de todos los hombres existen momentos, donde la pasión,
se nos hace real.
Ella es nuestra fuente de vida para resurgir del dolor y los problemas. Y es fuente de enseñanza, junto a la palabra, para saber disfrutar con alegría, los buenos momentos.


Rosa.

martes, 10 de mayo de 2011

A LOS CRISTIANOS NOS GUSTA JESUS, PERO NO LO AMAMOS

Hace unos años, cuando asistía a un encuentro de formación, nos preguntaron porque amamos a Jesús ¿?
Y para que entendieramos la pregunta nos dieron el siguiente ejemplo:
Una pareja despues de 6 años de noviazgo se separó por un simple detalle: el no conocía ni le interesaban las ideas de su novia.
El diálogo final de la pareja fue:
Ella le decia: yo te gusto pero no me amas. El, te amo, claro que te amo. Ella, que pruebas me das que me amas? Como que no? respondia El, salgo todos los fines de semana contigo, renuncié a muchas cosas para estar con vos, te doy cariño, te digo cosas lindas, te defiendo cuando te ofenden, hago todo lo que me pides. ¿Qué mas puedo hacer para probar que te amo?
Ella le respondió: Una cosa muy simple, dejarme hablar y escuchar mis ideas, porque no sabes ni quieres saber lo que pienso de tí. Si no conoces mis ideas y no te interesa, no me amas.
Con Jesús el diálogo podría seguir el mismo rumbo.
Si llegara a distintos grupos de la Iglesia, jóvenes, adultos, que dicen estar convertidos y viviendo una nueva realidad y les preguntara si lo aman, tal vez recibiría la misma respuesta del novio.
¡Como! Yo no te amo Jesús? ¿Entonces no significa nada lo que hago por la Iglesia, por los pobres, por los niños, por la comunidad, mis fines de semana sacrificados a tu causa, las humillaciones que sufro, las oraciones, las renuncias que hice por tu Reino? y así seguiría ennumerando.
Y Jesús igual que a Pedro, seguiría preguntando ¿TU ME AMAS? ¿Estas seguro de que es amor y no simpatía?
El apenado cristiano, comprometido y rico en vivencias preguntaría ¿Qué es lo que falta para que este sentimiento sea considerado amor?
Que te parece si te enteras de lo que pienso, si comienzas a escuchar lo que tengo que decir. Hasta ahora has hecho muchas cosas, Lo que tal vez no hiciste es aprender a escucharme.
Nadie ama lo que no conoce. Hablas conmigo, pero no dejas que Yo te hable. No sabes lo que pienso, lo que quiero, lo que siento.
Lo que sabemos es que muchos católicos saben que creen en Jesús. Jesús les gusta, ¿será amor a primera vista? y estos amores, muchas veces terminan mal.-
El que no sabe ni quiere saber lo que dijo Jesús, ¡no lo ama!
Paz y bien
Isabel

martes, 3 de mayo de 2011

La vieja tacaña.



He encontrado un cuento del Padre Mateo Bautista, me resultó muy simple y aleccionador.Acá va...



Era una señora Anciana que nunca pensaba en los demás. ¡Que poco generosa que era!
Un día un mendigo, un miserable mendigo pasó por su puerta y le pidió:
—¡Por el amor de Dios, una limosna por favor!
La vieja lo miró con asco y repugnancia. El hombre insistió.
—¡Una limosna por el amor de Dios!
La vieja que en realidad iba al basurero a tirar una planta de lechuga podrida, al ver que una hoja estaba sana, se la arrojó al pobre hombre.
—¡Toma y lárgate de una vez!

Paso el tiempo y la señora murió. Y como era de esperar, en vez de subir a los cielos, la mujer cayó de cabeza en el infierno.
Una mañana que el Señor leía el libro de la vida se encontró que aquella mujer estaba en el infierno.
—Pedro…
—Sí Señor, ¿qué sucede?
—¿Cómo es que está señora, fue al infierno?
Pedro le explicó lo mala y avara que la mujer había sido en vida.
—Pero aquí dice que una vez le dio una planta de lechuga a un pordiosero.
—Si Señor, lo que no dice es que la planta estaba podrida.
—Pedro, una hoja estaba sana… y ese mendigo era yo mismo.
—¡Señor!
—Toma la hoja y con ella trae a la anciana al cielo.
Obediente, Pedro tomó la hoja sana de la lechuga y con ella bajo al infierno.
—Clorinda… ¡Clorinda Benítez!
Al rato se escuchó la respuesta:
—¿Quién me llama?
—Soy Pedro. El Señor dice que hubo una equivocación, porque una vez le diste una hoja de lechuga a un pordiosero. Acá te mando la hoja, sube.
Rápidamente, Clorinda se aferró a la hoja tratando de ascender. Pedro tiraba y la vieja subía. Los demás condenados al ver la posibilidad de salir del infierno, se prendieron a sus piernas y los otros a los otros. Al rato era una cadena humana todos agarraditos de Clorinda. La vieja al notar que todos se prendían de ella, comenzó a dar patadas a diestra y siniestra, gritando:
—Fuera desgraciados, fuera, que planta de lechuga podrida era mía.
Y en ese momento… la hoja se rompió.

La solidaridad
es algo más
que dar.


Rosa

jueves, 28 de abril de 2011

Y llegó el día...









Y llegó el día, el siervo de Dios Juan Pablo II, será beatificado.

Sus virtudes: la humildad (humildad de los grandes), y muchos dones para compartir
"Si me equivoco me corrigen..." Bastaron estas pocas palabras aquella tarde del 16 de octubre de 1978, para entender que quien se había asomado al balcón de la Basílica de San Pedro iba a ser un Papa "distinto", no sólo porque era un Papa de un "país lejano", sino también por su gran dosis de humildad y por su capacidad innata de comunicar y entrar en sintonía con hombres y mujeres de todo el mundo, que en aquel momento, en la plaza de San Pedro o a través de la televisión, veían antes de nada a un ser humano extraordinario al que tendrían ocasión de descubrir día tras día a lo largo de los 26 años siguientes.


La humildad está en relación con Dios, y en relación con los demás, es siempre en función de Dios. La humildad es una virtud que abre a la persona a la gracia de Dios.
Creíamos primero que su fuerza y carisma provenían de su juventud, de su fortaleza física, de su buen aspecto, de su simpatía y su humanidad. Hoy tenemos la certeza de que su carisma no era el resultado de sus dones exteriores, sino la manifestación de su fe extraordinaria y su fuerza interior


Humilde icono de Cristo en su enfermedad.
El recuerdo de aquel día...cuando se acercó a la ventana pero no lograba pronunciar las palabras de la bendición, sólo tomó una hoja y escribió "Totus Tuus". Fue la última frase que escribió en su vida
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS...

Isabel

martes, 19 de abril de 2011

Resurrección.










Si mi Cristo está en la cruz
¿Por qué doblan las campanas?

Quién quiere verte en la cruz
tan sangriento y dolorido
con tu pecho malherido
y tus manos,
y tus pies
clavados en un madero.
Dicen que cargas mis culpas,
las de mi hermano también
y yo sigo en el vaivén
de mi vida distraída.
Que la luz de tu domingo,
ilumine el alma mía.
Que la profunda alegría
que da la resurrección,
se anide en mi corazón
y me renueve la vida.


Rosa

miércoles, 13 de abril de 2011

"Caminando con Jesús"


El Vía Crucis o camino hacia la cruz, es una devoción muy antigua de la Iglesia, particularmente en tiempo de Cuaresma.

Recorrer su camino hacia la cruz, es recorrer nuestra vida personal, revisar cómo amamos, que valores tenemos para vivir, que prioridades tenemos, si somos ejemplo como lo fue Jesús, o ¿aceptamos sin poner objeciones lo que la sociedad contemporánea nos ofrece como forma de vida?.

En las palabras y la vida de Jesús tenemos la fuente de salvación que empieza ya en esta tierra. Esa vida la recibimos a través de la oración, de los Sacramentos, de su Palabra Viva, que nos llega por el Evangelio. Ojalá esa Palabra sea para nosotros lectura diaria y familiar.

En la última cena con sus discípulos Jesús nos anticipa su sacrificio en la cruz. Su entrega de amor en el calvario. Lava los pies, en condición de servidor. Con éste gesto, Dios sirve al hombre y todo por amor que llega al extremo.

¿Cuál es nuestra actitud entre nuestros hermanos?

¿Somos servidores?

Juan 13, 1-4 y 12-15



Isabel

lunes, 4 de abril de 2011

¿Por qué nos cuesta perdonar?


Un tema de todo al año y especial de cuaresma.


Leyendo el libro del Padre Ariel Álvarez Valdés: “Enigmas de la Biblia” me encontré con un tema muy interesante: el perdón.
A veces pensamos que perdonar, es aceptar la mala conducta del otro. ¿Jesús nos pide eso al decir que perdonemos? No.
Cuando le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, Jesús la perdonó. Pero no justifico su mala conducta, ni le dijo que estaba bien lo que había hecho. Al contrario, le dijo: vete y de ahora en adelante no peques más. (Jn 8, 3-11)
Perdonar no es disculpar, no es liberarlo de la culpa al otro. No. Aun cuando el otro es culpable, uno debe buscar perdonarlo, porque de esa manera nos libramos de un sentimiento de frustración que puede intoxicarnos.


El perdón es ante todo una decisión personal. El perdón es algo que uno realiza en su interior, mediante un diálogo con Dios. ¿Cómo sabemos que hemos perdonado? Porque ya no le deseamos mal alguno a esa persona.
El rencor nos hace mayor daño a nosotros. Ya que el otro ni se entera de nuestra bronca. Perdemos el sueño, vivimos enconados y ¿a quién hacemos mal? A nosotros.
Perdonar es soltar de la mano una braza encendida, que asimos tontamente en algún momento de la vida y que nos lacera y nos quita las ganas de vivir,

Por eso es muy acertado el consejo de San Agustín: “Si un hombre malo te ofende, perdónalo, para que no haya dos hombres malos”.

Rosa.